“El clima del viento y de la brisa”.

El viento se genera por el calentamiento –gracias a la radiación solar- de las distintas circunstancias geográficas de la superficie de la tierra, unido a la rotación del planeta. Cada circunstancia geográfica tiene sus propios factores de probabilidad de mayor/menor viento, ya sean contextos naturales o urbanizados.

Se entiende que la misma arquitectura genera directa influencia sobre las desviaciones de los vientos, y a la vez, los mismos vientos afectan directa e indirectamente al bienestar térmico de los ocupantes de la arquitectura.

Entendiendo como objetivo general del diseño arquitectónico la optimización del viento, se plantean las siguientes consideraciones:

Ubicación y corrección del entorno. Conocer los movimientos de los vientos predominantes según época del año y distinguirlos en favorables/molestos. Importante tomar en cuenta las barreras que pueden ser elementos naturales o construidos y afectan al entorno inmediato.

Forma. Encontrar la combinación positiva entre la forma y orientación.

Flujos de aires internos. La disposición de aperturas/cerramientos y distribución espacios interiores aseguran un control natural de los efectos del viento, regulando los flujos de aire y sus movimientos.

Los sistemas de ventilación permiten favorecer el paso del aire por su interior y mejorar sus condiciones de temperatura y humedad. Existen dos clasificaciones: a) Sistemas generadores de movimiento de aire que fuerzan los movimientos del aire mediante depresiones y sobrepresiones que general. Algunos ejemplos como la ventilación cruzada, o el efecto chimenea. Y  b) Sistemas de tratamiento de aire permiten que un determinado caudal de aire pueda mejorar sus condiciones iniciales.

 

Viento